El tifón Champi tocó tierra en la costa sur de Taiwán el 23 de octubre, generando vientos de hasta 150 km/h y lluvias torrenciales que provocaron inundaciones repentinas. Las autoridades declararon alerta máxima y ordenaron a los residentes buscar refugio en centros de evacuación.
Hasta el momento se ha registrado una muerte confirmada y 350 personas con heridas de diversa gravedad, muchas de ellas por desprendimientos de árboles y objetos voladores. Los servicios de emergencia trabajan sin descanso para rescatar a personas atrapadas y restablecer el suministro eléctrico en zonas afectadas.
El gobierno ha movilizado el Ejército y la Oficina de Gestión de Desastres para distribuir alimentos, agua y medicinas a los albergues temporales. Se prevé que la tormenta continúe desplazándose hacia el norte, manteniendo la amenaza de más lluvias intensas.
Este evento subraya la vulnerabilidad de Taiwán frente a fenómenos meteorológicos extremos, un riesgo que se intensifica con el cambio climático y que tiene implicaciones para la seguridad energética y la estabilidad económica de la isla.
