Brasil se prepara para celebrar elecciones presidenciales el 2 de noviembre de 2026, en un contexto donde la gestión del Amazonas se ha convertido en un tema central de la campaña. Los principales candidatos, el actual presidente Jair Bolsonaro (reelegido en 2022) y la ex‑presidenta Dilma Rousseff, presentan posturas marcadamente distintas respecto a la deforestación y la explotación de recursos naturales.
Bolsonaro ha defendido la expansión de la agricultura y la minería, argumentando que son esenciales para el crecimiento económico del país. Por su parte, Rousseff propone un plan de conservación que incluye la ampliación de áreas protegidas y la implementación de un impuesto al carbono para financiar proyectos de reforestación.
Los analistas internacionales advierten que la elección de un gobierno pro‑explotación podría acelerar la pérdida de biodiversidad y comprometer los compromisos de Brasil bajo el Acuerdo de París. La Unión Europea ha señalado que revisará sus acuerdos comerciales con Brasil en función de los resultados electorales, mientras que EE. U. ha prometido mantener la cooperación climática siempre que se respeten los objetivos de reducción de emisiones.
En el terreno interno, la población urbana muestra una creciente preocupación por la calidad del aire y la disponibilidad de agua, lo que ha impulsado movimientos sociales que exigen políticas más sostenibles. La campaña electoral ha estado marcada por protestas tanto a favor como en contra de la explotación del Amazonas.


