El 13 de julio, EE.UU. lanzó una nueva ola de ataques aéreos contra objetivos iraníes, incluyendo instalaciones militares y centros de investigación. Estas acciones, anunciadas por el Pentágono, buscan desestabilizar las capacidades de Irán en el Medio Oriente. Simultáneamente, Trump indicó que un acuerdo con Irán sigue siendo posible, aunque sin especificar detalles. Esta dualidad ha generado confusión entre analistas y países vecinos. El impacto en el Golfo es significativo, ya que Irán ha respondido atacando aliados de EE.UU., como Arabia Saudita y Emiratos Árabes. La situación refleja una dinámica de guerra por sustitutos, donde ambos lados buscan debilitar al otro sin un conflicto directo.