El estrecho de Bab al‑Mandab, situado entre Yemen y Djibouti, es una de las rutas marítimas más transitadas del planeta. Aproximadamente el 20 % del petróleo mundial pasa por sus aguas cada día, lo que lo convierte en un punto crítico para la seguridad energética global.
En los últimos meses, la inestabilidad en Yemen y la presencia de milicias locales han aumentado el riesgo de interrupciones. Los buques de carga y los tanques de petróleo son vulnerables a ataques de piratas y a la minería naval, lo que ha llevado a la Marina de los EE.UU. a reforzar su presencia en la zona.
Potencias como China e India, que dependen del flujo constante de energía, han intensificado sus patrullas y negociado acuerdos de paso con Djibouti. Al mismo tiempo, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos buscan asegurar la ruta mediante inversiones en infraestructura portuaria y sistemas de vigilancia.
Expertos advierten que cualquier cierre parcial del estrecho provocaría una alza significativa en los precios del crudo y podría desencadenar una crisis económica a nivel mundial. La comunidad internacional sigue monitoreando de cerca la situación, mientras se exploran rutas alternativas, como el Canal de Suez y el paso del Cabo de Buena Esperanza.

