En el marco de la Conferencia de las Partes (COP30) celebrada en Brasil, el gobierno federal lanzó la primera hoja de ruta global destinada a eliminar gradualmente los combustibles fósiles. El plan contempla la sustitución del carbón por fuentes renovables en la generación eléctrica, la reducción del consumo de petróleo en el transporte mediante incentivos a vehículos eléctricos y la eliminación progresiva de la extracción de gas natural.
El documento, elaborado por el Ministerio de Minas y Energía en coordinación con la iniciativa privada y organizaciones internacionales, fija hitos claros: cerrar todas las minas de carbón para 2035, reducir a la mitad la importación de petróleo para 2040 y alcanzar cero emisiones netas de gas natural para 2050. Además, se propone un fondo de 10 mil millones de dólares para financiar proyectos de energía limpia en regiones vulnerables.
Este anuncio sitúa a Brasil como líder en la agenda de descarbonización, reforzando su papel como anfitrión de la COP30 y generando presión sobre otras naciones para que presenten planes similares. Analistas señalan que la hoja de ruta podría acelerar la transición energética en América Latina, atrayendo inversiones extranjeras y creando empleos en sectores verdes.
Sin embargo, el plan enfrenta desafíos internos, como la resistencia de sectores mineros y petroleros, y la necesidad de garantizar la seguridad energética durante la transición. El gobierno ha prometido un proceso de consulta amplio y la creación de mecanismos de compensación para comunidades afectadas.

