El 7 de octubre de 2026, una explosión de gran magnitud se produjo en la refinería de Amuay, ubicada en el estado de Zulia, la segunda instalación de procesamiento de petróleo más grande de Venezuela. El siniestro, que se originó en una unidad de craqueo, provocó una fuerte onda expansiva que dañó estructuras críticas y obligó al cierre inmediato de la planta.
Las autoridades de Petróleos de Venezuela (PDVSA) confirmaron que la producción se suspendió de forma indefinida mientras se evalúan los daños y se garantiza la seguridad del personal. La capacidad instalada de Amuay, que procesa alrededor de 600 000 barriles de crudo al día, representa casi la mitad de la producción total del país; su paralización implica una pérdida de aproximadamente 300 000 barriles diarios.
El incidente se produce en medio de una profunda crisis energética, agravada por sanciones internacionales, falta de inversión y deterioro de la infraestructura. La escasez de combustible ya había generado largas filas en estaciones de servicio y cortes de energía; la pérdida de Amuay intensifica estas dificultades y podría impulsar un aumento de los precios del petróleo en los mercados internacionales.
El gobierno venezolano ha solicitado asistencia técnica a países aliados y ha prometido una investigación exhaustiva para determinar las causas de la explosión, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el impacto en la seguridad energética regional.

