El 24 de septiembre de 2026, los líderes de las fuerzas tigrayanas anunciaron que el conflicto con el ejército etíope había entrado en una fase de "guerra total". En un comunicado difundido por Al Jazeera, los combatientes describieron la situación como una lucha abierta y sin restricciones, señalando que están preparados para enfrentar al ejército nacional en todas sus frentes.
Según el comunicado, la ofensiva tigrayana se concentra en la zona norte del país, donde se han registrado intensos combates y desplazamientos masivos de población civil. El gobierno etíope, por su parte, acusó a los rebeldes de intentar desestabilizar el país y de recibir apoyo externo.
La comunidad internacional ha expresado su alarma ante la escalada. La ONU y la Unión Africana han pedido a ambas partes que cesen las hostilidades y han advertido sobre una posible crisis humanitaria que podría afectar a cientos de miles de personas.
El conflicto, que se remonta a 2020, ha sido una de las mayores fuentes de inestabilidad en el Cuerno de África, con implicaciones para la seguridad regional, el flujo de refugiados y la lucha contra grupos extremistas.