En medio de un contexto de creciente presión por parte de la administración Trump para combatir el narcotráfico en América Central, Guatemala ha mantenido una postura contradictoria. Aunque el presidente Arevalo ha solicitado anteriormente cooperación militar, su gobierno ahora niega explícitamente haber acordado ataques conjuntos. Esta discrepancia surge de una estrategia de equilibrio entre la cooperación internacional y la soberanía nacional. Según fuentes locales, la decisión se basa en la falta de claridad sobre los términos de la operación y preocupaciones por la seguridad interna. La situación refleja un patrón recurrente en la región, donde los gobiernos enfrentan dilemas entre la cooperación contra el crimen organizado y la resistencia a intervenciones extranjeras.
La solicitud de cooperación militar con EE.UU. fue presentada por Arevalo durante una reunión con el secretario de Defensa Pete Hegseth, según reportó The Guardian. Sin embargo, el gobierno guatemalteco argumenta que cualquier operación debe ser aprobada por el Congreso, un proceso que aún no se ha completado. Esta demora ha generado críticas tanto en Washington como en otros países centroamericanos que ven en Guatemala un aliado potencial en la lucha contra el narcotráfico.
La negación de Guatemala no es aislada. Otros países de la región, como Honduras y El Salvador, también han mostrado escepticismo ante propuestas de operaciones conjuntas contra carteles. Expertos en seguridad señalan que esta resistencia podría debilitar los esfuerzos coordinados contra redes criminales transnacionales. Además, la falta de un marco legal claro para estas operaciones plantea dudas sobre su legalidad y efectividad a largo plazo.
La comunidad internacional ha llamado a un diálogo más transparente entre EE.UU. y los países de América Central. Organizaciones como la OEA han solicitado que se definan mejor los objetivos y mecanismos de las operaciones militares. Sin embargo, la administración Trump insiste en que la cooperación es esencial para frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos. Esta tensión entre cooperación y soberanía podría tener implicaciones políticas en las próximas elecciones en varios países de la región.