Durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, diversos analistas y observadores señalaron un aumento significativo de contenidos generados por inteligencia artificial, como deepfakes y bots, que buscaban distorsionar la imagen de los candidatos y manipular la opinión pública. Plataformas digitales reportaron un pico del 30 % en la difusión de videos falsos que mostraban a los candidatos en situaciones comprometedoras.
Investigaciones realizadas por el Instituto de Tecnología de São Paulo (ITSP) identificaron al menos diez deepfakes virales que presentaban a Luiz Inácio Lula da Silva y a Flávio Bolsonaro en contextos que nunca ocurrieron. Estas piezas fueron compartidas masivamente en redes como WhatsApp, TikTok y Twitter, exacerbando la desinformación en regiones con menor acceso a fuentes de información verificadas.
El gobierno federal, a través del Tribunal Superior Electoral (TSE), anunció la creación de un comité especializado para monitorear y sancionar el uso de IA en campañas electorales. Asimismo, las principales plataformas tecnológicas, incluyendo Meta y Google, declararon que reforzarán sus algoritmos de detección y eliminarán contenido que infrinja las normas de integridad electoral.
Los expertos advierten que la proliferación de IA en la arena política no solo afecta la legitimidad de los resultados electorales, sino que también plantea riesgos a largo plazo para la democracia brasileña y para la estabilidad de la región latinoamericana, donde la desinformación ya ha sido un factor de conflicto en varios países.
En el contexto más amplio, la situación brasileña se inserta en una tendencia global donde los gobiernos y organismos internacionales buscan establecer marcos regulatorios para la IA, con el objetivo de proteger procesos democráticos y evitar la manipulación masiva de la opinión pública.
