El 31 de octubre de 2026, varios legisladores iraníes presentaron una moción para que el país se retire formalmente del Tratado de No Proliferación Nuclear, un pacto firmado en 1968 que busca impedir la expansión de armas nucleares. La propuesta, respaldada por una mayoría de diputados, se enmarca en una narrativa nacionalista que acusa al NPT de limitar la soberanía iraní.
En paralelo, el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, declaró que cualquier agresión contra Irán sería respondida con una “represalia sin restricciones geográficas”, insinuando la posibilidad de ataques de largo alcance. Estas declaraciones, emitidas durante una reunión de mediadores internacionales que intentan mantener la paz en la región, intensifican la percepción de una postura más beligerante.
Expertos en no proliferación advierten que la retirada de Irán del NPT podría debilitar el régimen de control internacional y abrir la puerta a una carrera armamentista en Oriente Medio. Sin embargo, funcionarios iraníes subrayan que la medida no implica automáticamente la construcción de una bomba atómica, sino que busca renegociar los términos del tratado.
La comunidad internacional, encabezada por la ONU y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), ha llamado a la calma y a la continuidad del diálogo diplomático. La decisión iraní, de concretarse, obligará a revisar los marcos de sanciones y a replantear la estrategia de seguridad de los Estados Unidos y sus aliados en la región.
