En los últimos meses, Irán ha registrado el mayor número de ejecuciones en décadas, principalmente en el contexto de las protestas anti-gobierno que sacudieron al país a principios de 2026. Estas medidas, aunque presentadas como represión de la disidencia, han sido criticadas por organizaciones internacionales. Paralelamente, Irán ha mantenido una postura intransigente en el conflicto Israel-Palestina, financiando grupos como Hamás y bloqueando cualquier negociación de paz. Esta combinación de represión interna y confrontación regional ha generado preocupación en la comunidad internacional. La situación refleja una estrategia de control interno y expansión de influencia en el Medio Oriente.