El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ordenó el 24 de octubre de 2026 una operación militar a gran escala en Hebrón, la mayor ciudad de la Cisjordania ocupada, después de un ataque que cobró la vida de varios civiles y soldados israelíes. Las fuerzas de defensa israelíes (IDF) comenzaron a demoler al menos cinco edificios que, según el ejército, servían como bases de militantes.
Simultáneamente, se impusieron cierres de carreteras y se erigieron puestos de control en varios municipios circundantes, limitando la movilidad de la población palestina y dificultando el acceso a servicios básicos. La autoridad palestina condenó la medida como una “agresión colectiva” y pidió a la comunidad internacional que intervenga.
Organizaciones de derechos humanos alertaron sobre el riesgo de desplazamiento forzado de cientos de familias, mientras que la comunidad internacional sigue dividida: Estados Unidos reiteró su apoyo a la seguridad de Israel, mientras que la Unión Europea instó a la moderación y al respeto del derecho internacional humanitario.
El desarrollo de la operación podría influir en las negociaciones de paz en curso y en la percepción interna de la población palestina, que ya muestra un creciente descontento frente a la ocupación prolongada.


