El 25 de septiembre de 2026, los precios del crudo Brent alcanzaron los 106 dólares por barril, impulsados por la noticia de que los rebeldes houthi, alineados con Irán, afirmaron haber atacado con éxito instalaciones de la petrolera estatal saudí Saudi Aramco en la zona del Mar Rojo.
Según el comunicado de los houthi, los ataques lograron dañar una terminal de exportación y varios buques cisterna, lo que provocó una interrupción temporal del flujo de petróleo hacia los mercados internacionales. Los analistas de energía advirtieron que cualquier daño prolongado podría reducir la capacidad de suministro de Arabia Saudita, el mayor exportador mundial.
Los mercados reaccionaron de inmediato, con el Brent subiendo más de 5 dólares en cuestión de horas y el WTI siguiendo una tendencia similar. Los contratos futuros mostraron una mayor volatilidad, mientras que los países dependientes de importaciones petroleras, como India y Japón, comenzaron a revisar sus estrategias de abastecimiento.
Expertos en geopolítica señalan que los ataques houthi forman parte de una estrategia más amplia para presionar a la coalición liderada por Arabia Saudita y a sus aliados occidentales, en medio de la guerra civil yemení que se extiende desde 2015. La situación subraya la interconexión entre los conflictos regionales y la estabilidad de los precios energéticos a nivel global.