El miércoles 14 de octubre de 2026, los rebeldes hutíes anunciaron que habían alcanzado instalaciones estratégicas de la petrolera Saudi Aramco en la capital saudí, Riyadh. Según sus comunicados, el objetivo fue una planta de procesamiento de crudo que abastece gran parte de la exportación de petróleo del reino. La acción se produjo tras semanas de intensos intercambios de fuego en la frontera yemení, y el grupo declaró que "la campaña contra los intereses saudíes continuará hasta que se cumplan sus demandas políticas".
Riyadh, por su parte, condenó el ataque como una violación del derecho internacional y prometió reforzar la defensa de sus infraestructuras energéticas. El Ministerio de Defensa saudí informó que se están evaluando medidas de represalia que podrían incluir ataques a posiciones hutíes en el norte de Yemen. La comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos y la Unión Europea, ha llamado a la moderación y ha reiterado su apoyo a los esfuerzos de mediación liderados por la ONU.
El ataque a Aramco tiene implicaciones directas en los mercados energéticos globales. Las bolsas de valores de energía registraron una caída del 2,5% en el precio del crudo Brent tras el anuncio, y analistas advierten que una escalada sostenida podría afectar la estabilidad del suministro de petróleo del Golfo, una de las principales fuentes de energía del mundo.
En el contexto más amplio, el conflicto entre los hutíes y Arabia Saudita se remonta a 2015, cuando la coalición liderada por Riad intervino militarmente en Yemen para restablecer al gobierno reconocido internacionalmente. Desde entonces, los ataques a infraestructuras críticas han sido una constante, y la reciente amenaza de intensificar la campaña contra Aramco subraya la fragilidad de la paz en la región.

