Las autoridades policiales de París impusieron la prohibición de protestas en varios arrondissements el jueves, tras una serie de disturbios que incluyeron enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. El ministro del Interior justificó la medida como necesaria para evitar una escalada de violencia en vísperas de la visita de altos mandatarios internacionales.
En una entrevista concedida en Doha, Qatar, el presidente Emmanuel Macron lanzó duras críticas contra Donald Trump, acusándolo de “distorsionar los problemas internos de Francia” y de intentar influir en la opinión pública europea mediante campañas de desinformación. Macron sostuvo que la interferencia externa socava la soberanía nacional y la cohesión social.
Los manifestantes, en su mayoría jóvenes de grupos de izquierda y movimientos anti‑globalización, habían planeado concentraciones para protestar contra la política migratoria del gobierno y la creciente presencia de fuerzas de seguridad en espacios públicos. La prohibición ha sido recibida con rechazo por organizaciones de derechos humanos, que la califican de medida autoritaria.
A nivel internacional, la confrontación verbal entre Macron y Trump podría repercutir en la relación bilateral, que ya atraviesa tensiones por desacuerdos comerciales y la postura de EE. UU. sobre la guerra en Ucrania. Analistas advierten que la retórica inflamatoria podría traducirse en una mayor fricción diplomática en los próximos meses.




