El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció el 21 de octubre de 2026 que exigía la liberación inmediata de cuatro soldados salvadoreños que, según sus declaraciones, fueron secuestrados por pandillas en territorio haitiano. Bukele utilizó sus redes sociales para advertir que, de no cumplirse la demanda, su país podría “acabar con ustedes” en referencia a los grupos criminales que operan en la isla.
Los cuatro militares fueron capturados en la zona fronteriza entre la región de Ouanaminthe y la frontera sur de Haití, un área conocida por la presencia de bandas armadas que trafican armas y drogas. El gobierno haitiano, debilitado por la crisis política y la violencia, ha sido incapaz de garantizar la seguridad de los soldados extranjeros.
La comunidad internacional ha llamado a la calma y a la negociación diplomática. La Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han solicitado a ambas partes que eviten una escalada militar que podría desestabilizar aún más la región del Caribe. Mientras tanto, Bukele ha reiterado su posición de “no tolerar” la presencia de pandillas y ha prometido reforzar la cooperación con fuerzas de seguridad de otros países.
El caso pone de relieve la creciente preocupación por la capacidad del Estado haitiano para controlar a los grupos armados y la disposición de El Salvador a intervenir más allá de sus fronteras, una política que ha generado críticas y elogios en distintos sectores internacionales.



