El 6 de octubre de 2026, cientos de manifestantes se congregaron frente a la embajada de Estados Unidos en Tokio, portando pancartas que denunciaban la “presencia militar imperialista” y exigiendo la retirada de bases estadounidenses en Okinawa. La convocatoria surgió tras la detención de un marine estadounidense acusado de haber causado la muerte de un civil en la isla de Okinawa el mes anterior.
Los organizadores, entre ellos grupos de derechos humanos y veteranos de la guerra de Vietnam, argumentan que el incidente evidencia la falta de rendición de cuentas de las fuerzas estadounidenses en territorio japonés. La protesta, pacífica pero numerosa, fue acompañada por discursos que recordaron la historia de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, vinculando el pasado con la actual presencia militar.
El gobierno japonés, encabezado por el primer ministro Hiroshi Tanaka, ha manifestado su intención de revisar el Acuerdo de Seguridad Mutua con EE. UU., aunque subrayó la importancia estratégica de la alianza frente a la creciente amenaza de Corea del Norte y China. Por su parte, el Departamento de Estado de EE. UU. reiteró su compromiso con la seguridad regional y prometió una investigación exhaustiva del caso del marine.
Analistas de política exterior advierten que la presión popular podría traducirse en negociaciones más duras sobre la redistribución de fuerzas estadounidenses en el Pacífico, lo que a su vez podría afectar la postura de defensa conjunta frente a posibles conflictos en la zona.


