Al Anoud Al Aqeedi, corresponsal de Al Jazeera, explicó que miles de personas, principalmente de África y el sur de Asia, intentan cruzar el Mar Rojo en embarcaciones precarias para alcanzar la costa yemení, donde esperan encontrar trabajo o reunirse con familiares. La ruta se ha vuelto más atractiva tras el cierre de rutas tradicionales hacia Europa, obligando a los migrantes a buscar destinos alternativos.
El viaje, que suele durar entre 12 y 24 horas, se realiza en embarcaciones sobrecargadas, sin equipamiento de seguridad y a menudo bajo la vigilancia de traficantes que cobran sumas exorbitantes. Los riesgos incluyen hundimientos, ataques de piratas y la exposición a condiciones climáticas extremas, lo que ha provocado numerosos incidentes mortales en los últimos meses.
Yemen, sumido en una guerra civil que lleva más de una década, carece de infraestructura adecuada para recibir y atender a los migrantes. Los centros de acogida están sobrecargados y la escasez de recursos básicos dificulta la asistencia médica y humanitaria. Organizaciones internacionales han pedido a la comunidad global que refuerce los mecanismos de rescate y que se busquen soluciones a largo plazo para la migración irregular.
Mientras tanto, los gobiernos de la región, incluidos Arabia Saudita y Omán, han intensificado los controles fronterizos, pero la falta de rutas legales y la desesperación de los migrantes continúan alimentando la demanda de este peligroso trayecto marítimo.
