El pasado 14 de octubre de 2026, las fuerzas de defensa saudíes anunciaron la intercepción de varios misiles balísticos lanzados por los rebeldes hutí desde Yemen, dirigidos a los aeropuertos de Riyadh y a la zona industrial de Dhahran, donde se encuentra la sede de Saudi Aramco. Los sistemas de defensa aérea, incluidos los Patriot y los sistemas locales, lograron derribar la mayor parte de los proyectiles antes de que alcanzaran sus objetivos.
A pesar de la intercepción, uno de los misiles impactó un edificio de la compañía petrolera estatal en Dhahran, provocando daños estructurales y la evacuación de los empleados. En Riyadh, fragmentos de misiles cayeron en zonas residenciales, hiriendo a cuatro personas que fueron trasladadas a hospitales locales. Las autoridades saudíes describieron el incidente como una escalada significativa del conflicto que lleva años entre los hutíes y la coalición liderada por Arabia Saudita.
El ataque se produce en un momento de alta volatilidad en los mercados energéticos, ya que Arabia Saudita es el mayor exportador de petróleo del mundo. Analistas advierten que una mayor frecuencia de estos ataques podría reducir la capacidad de producción saudí y generar aumentos en los precios del crudo, afectando tanto a economías dependientes del petróleo como a consumidores globales.
En respuesta, el gobierno saudí ha reforzado la vigilancia aérea y ha anunciado la revisión de sus protocolos de seguridad en instalaciones críticas. Además, ha solicitado apoyo adicional a sus aliados regionales para contrarrestar la capacidad de lanzamiento de los hutíes, que continúan recibiendo apoyo de Irán según informes de inteligencia. La comunidad internacional observa con preocupación la posibilidad de una mayor confrontación en el estrecho de Ormuz, punto neurálgico del tránsito de hidrocarburos.

