El 19 de junio, Moscú recibió la peor ofensiva de drones ucranianos en la región, con casi 200 vehículos aéreos no tripulados dirigidos contra una refinería petrolera y un centro comercial en la periferia oriental de la ciudad. El ataque, que se desarrolló a las 23:00 hora local, provocó la quema de la refinería y dejó a los residentes con la sensación de una lluvia negra que se filtró por las calles. Los residentes informaron de la aparición de partículas oscuras en el aire, lo que generó alarma y la evacuación de zonas cercanas. El gobierno ruso calificó el ataque como una violación de la soberanía y anunció la movilización de fuerzas de defensa aérea. La comunidad internacional, incluida la ONU, expresó su preocupación por la escalada de violencia y la posible repercusión en la seguridad energética mundial.
