El 15 de octubre de 2026, la policía de los Estados Unidos informó que un joven de 19 años había sido detenido tras intentar atacar un templo hindú en la ciudad de Nueva York. Según la investigación, el sospechoso había adquirido una pistola semiautomática y, al intentar disparar, el arma se atascó, impidiendo que se produjera la masacre prevista.
Los agentes de la unidad de terrorismo doméstico recibieron una alerta anónima que permitió interceptar al individuo antes de que pudiera ingresar al recinto religioso. El joven fue arrestado sin resistencia y se le acusó de conspiración para cometer un acto de terrorismo y posesión ilegal de arma de fuego.
Aunque no hubo víctimas, el caso subraya la creciente preocupación por la radicalización de jóvenes en EE.UU. y la vulnerabilidad de lugares de culto a ataques motivados por odio religioso. Autoridades federales y locales han reiterado la necesidad de fortalecer los programas de prevención y la cooperación entre agencias de inteligencia.
Expertos en seguridad señalan que la detección temprana y la intervención basada en información de la comunidad son esenciales para evitar tragedias similares. El incidente también reaviva el debate sobre la legislación de armas y la vigilancia de individuos con antecedentes de discurso extremista.

