El presidente polaco Andrzej Duda regresó inesperadamente de un viaje oficial a Senegal para sumarse a una manifestación en la capital, donde cientos de ciudadanos se congregaron frente al Tribunal Supremo. Los manifestantes exigen la renuncia de varios jueces que, según el gobierno, están involucrados en decisiones que vulneran la Constitución.
La crisis constitucional se originó cuando el Tribunal Supremo emitió una serie de fallos que limitan la autoridad del presidente y del parlamento, generando una confrontación directa con el Ejecutivo. Duda, quien ha sido crítico con el poder judicial, calificó los fallos como "un atentado contra la soberanía del Estado" y prometió reformas estructurales.
Las fuerzas de seguridad polacas emplearon gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, lo que provocó varios heridos y una creciente condena internacional. Organizaciones de derechos humanos han pedido una solución dialogada y han advertido sobre el riesgo de una escalada que podría desestabilizar la democracia en Polonia.
El episodio se produce en un contexto de creciente polarización política en Europa del Este, donde varios países enfrentan tensiones entre gobiernos conservadores y sistemas judiciales independientes. La respuesta del presidente Duda podría influir en la percepción de la UE sobre el estado de derecho en Polonia y afectar futuras negociaciones de fondos estructurales.
Mientras tanto, el parlamento se prepara para una posible moción de censura contra los jueces implicados, lo que podría desencadenar una reconfiguración del poder judicial y una redefinición de la separación de poderes en el país.