Durante la última semana de octubre de 2026, tanto la República de Corea como la República Popular Democrática de Corea realizaron pruebas exitosas de misiles hipersónicos, capaces de alcanzar velocidades superiores a Mach 5 y maniobrar a gran altitud. Corea del Sur lanzó un prototipo de misil de crucero hipersónico desarrollado en colaboración con Estados Unidos, mientras que Corea del Norte anunció la puesta en marcha de su propio sistema de armas hipersónicas, alegando que responde a la amenaza de los aliados occidentales.
Los analistas de defensa señalan que la capacidad de los misiles hipersónicos de evadir sistemas de defensa tradicionales representa un cambio estratégico significativo. El Departamento de Defensa de EE. U. declaró que está revisando sus planes de despliegue de interceptores en la región del Pacífico para contrarrestar la amenaza emergente.
Japón, por su parte, ha intensificado sus ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos y ha solicitado a sus legisladores la aprobación de un presupuesto adicional para el desarrollo de contramedidas hipersónicas. La comunidad internacional, a través de la ONU, ha llamado a la transparencia y a la limitación de pruebas que puedan desestabilizar la seguridad regional.
A medida que la carrera armamentista avanza, los gobiernos de la península coreana enfrentan presiones internas y externas: mientras el público surcoreano demanda mayor seguridad, la élite norcoreana utiliza la demostración de fuerza como herramienta de legitimación interna.
