El Sudeste Asiático, tradicionalmente dependiente de combustibles fósiles, está reconsiderando la energía nuclear como una solución para satisfacer la creciente demanda eléctrica y cumplir con los objetivos climáticos del Acuerdo de París. Indonesia ha anunciado la intención de construir su primer reactor de generación comercial antes de 2030, mientras que Filipinas y Vietnam avanzan en estudios de viabilidad para nuevos proyectos.
Los gobiernos citan la necesidad de diversificar la matriz energética y reducir la vulnerabilidad ante los shocks de suministro, como los provocados por la guerra en Ucrania y los fenómenos climáticos extremos. Además, la presión internacional para reducir las emisiones de CO₂ ha llevado a que la energía nuclear sea vista como una herramienta clave para alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2050.
Sin embargo, la reactivación de los planes nucleares enfrenta resistencia de grupos ambientalistas que temen riesgos de seguridad y la gestión de residuos radiactivos. La financiación también es un desafío, ya que los proyectos requieren inversiones multimillonarias y la participación de empresas internacionales con experiencia en tecnología de cuarta generación.
Expertos señalan que la cooperación regional, a través de la ASEAN, podría facilitar la creación de marcos regulatorios comunes y compartir buenas prácticas, reduciendo costos y aumentando la aceptación pública. El éxito de estos proyectos podría servir de modelo para otras regiones en desarrollo que buscan equilibrar crecimiento económico y sostenibilidad ambiental.
