El 24 de septiembre de 2026 se registró un nuevo brote de enfrentamientos en la región de Tigray, al norte de Etiopía, entre el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) y las fuerzas del gobierno federal etíope. Después de meses de tregua parcial, los combates se reactivaron tras el asesinato de varios comandantes del TPLF en una operación militar del ejército etíope.
El conflicto renovado ha provocado desplazamientos internos de cientos de miles de personas, que huyen de los bombardeos y los combates de artillería. Organizaciones humanitarias advierten que la infraestructura sanitaria y alimentaria ya colapsada está al borde del colapso, lo que podría desencadenar una crisis de refugiados que crucen la frontera hacia Sudán y Eritrea.
Expertos en seguridad regional señalan que la inestabilidad en Tigray podría extenderse rápidamente al Cuerno de África, ya que grupos armados en Somalia y el sur de Sudán podrían aprovechar el caos para expandir sus operaciones. Además, la presencia de fuerzas eritreas en la zona, que apoyan al gobierno etíope, aumenta el riesgo de un conflicto más amplio entre Eritrea y sus vecinos.
La comunidad internacional, a través de la ONU y la Unión Africana, ha instado a ambas partes a cesar el fuego y a retomar las negociaciones, pero la falta de confianza y la escalada de violencia dificultan cualquier avance. Se teme que la prolongación del conflicto pueda afectar la seguridad de los corredores de suministro de ayuda y la estabilidad económica de la región.