El 15 de octubre de 2026, el Ministerio de Defensa ruso emitió una declaración acusando a Ucrania de haber perpetrado un ataque contra una refinería de petróleo situada en la región de Donetsk, bajo control ruso. La acusación se produce justo después de que el presidente Volodímir Zelenski anunciara la reanudación de los ataques a objetivos energéticos ucranianos, alegando que la pausa acordada había sido violada por Moscú.
Según los informes de la prensa rusa, el ataque habría causado daños parciales a la infraestructura de procesamiento de crudo, poniendo en riesgo la producción de combustible para la zona ocupada. Ucrania, por su parte, niega cualquier responsabilidad y acusa a Rusia de utilizar la acusación como pretexto para intensificar sus propias ofensivas contra instalaciones energéticas en territorio ucraniano.
El sector energético europeo observa con preocupación la escalada, ya que cualquier interrupción en la producción de petróleo en la región podría afectar los precios internacionales y la seguridad del suministro. Analistas de la UE advierten que una mayor militarización de los objetivos energéticos podría desencadenar una respuesta coordinada de la OTAN.
Mientras tanto, la comunidad internacional sigue llamando a ambas partes a respetar el derecho internacional humanitario y a evitar ataques que pongan en riesgo a la población civil y a la infraestructura crítica.



