En la madrugada del 7 de noviembre de 2026, fuerzas rusas ejecutaron una serie de ataques aéreos y con drones sobre la capital ucraniana, Kiev, y sus alrededores. Los objetivos principales fueron un puente que conecta la zona norte de la ciudad y varias subestaciones eléctricas que abastecen a la región.
Según fuentes militares ucranianas, al menos diez misiles de crucero y varios drones impactaron los objetivos, causando interrupciones temporales en el suministro eléctrico y daños estructurales al puente. No se reportaron víctimas mortales, pero sí varios heridos y evacuaciones de residentes cercanos.
Los ataques se produjeron horas antes de la apertura de una cumbre trilateral entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos, programada para el mismo día. Analistas internacionales interpretan la ofensiva como una táctica de presión rusa para influir en el discurso de negociación y demostrar su capacidad de proyectar fuerza.
A pesar de la escalada, los representantes de los tres países confirmaron que la cumbre se mantendrá, aunque con una agenda revisada que incluye garantías de cese de hostilidades y la seguridad de la infraestructura energética ucraniana.

