El 21 de septiembre de 2026, el Servicio Nacional de Control de Tráfico Aéreo (NATS) sufrió una segunda interrupción significativa en menos de un mes, provocando la cancelación de más de 300 vuelos y el retraso de otros 800 en los principales aeropuertos del Reino Unido, incluidos Heathrow y Gatwick.
El primer ministro Andy Burnham, en una rueda de prensa, describió la situación como "inaceptable" y subrayó la urgencia de una reforma estructural del sistema de gestión del tráfico aéreo. Burnham señaló que la dependencia de tecnologías obsoletas y la falta de inversión en redundancia han dejado al país vulnerable a fallas que afectan a millones de pasajeros.
Las aerolíneas afectadas, entre ellas British Airways y EasyJet, han presentado quejas formales ante el regulador civil, exigiendo compensaciones y una revisión inmediata de los protocolos de contingencia. Mientras tanto, los sindicatos de controladores aéreos han pedido una mayor contratación y capacitación para evitar futuros colapsos.
Expertos en aviación advierten que la falta de una solución integral podría dañar la competitividad del Reino Unido como hub internacional y afectar la economía del país, que depende en gran medida del turismo y los negocios vinculados al sector aéreo.
