El 16 de octubre de 2026 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró en una rueda de prensa que su gobierno no consideraría el uso de una bomba nuclear contra Irán. La afirmación marcó la primera vez que el mandatario abordó directamente la cuestión de las armas nucleares en el contexto de la rivalidad con Teherán.
Trump sostuvo que, aunque EE.UU. mantiene la capacidad nuclear como elemento de disuasión, no contempla emplearla contra Irán bajo ninguna circunstancia. La declaración buscó calmar los temores de una escalada militar tras los recientes intercambios de retórica entre ambos países.
La respuesta de Irán fue de rechazo rotundo, calificando la postura estadounidense como “una amenaza vacía” y reiterando su derecho a la defensa. Analistas internacionales señalaron que la postura de Trump podría influir en la dinámica de las negociaciones del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) y en la política de sanciones.
En el plano interno, la medida fue recibida con escepticismo por sectores del Congreso y por expertos en seguridad, que advirtieron sobre la necesidad de mantener una postura firme para evitar que Irán avance su programa nuclear. La declaración, sin embargo, abre la puerta a una posible reactivación de diálogos diplomáticos en la región.
