El presidente Donald Trump anunció el 20 de octubre de 2026 una donación de más de 400 millones de dólares a la campaña del Partido Republicano, con el objetivo de reforzar su desempeño en las elecciones de medio término que se celebrarán en noviembre de 2026. La medida se produce en un contexto de alta polarización política y de una lucha por el control de ambas cámaras del Congreso.
Según fuentes del Comité Nacional Republicano, la mayor parte del dinero será destinado a campañas locales en estados clave como Pensilvania, Georgia y Arizona, donde los resultados de las elecciones podrían decidir la mayoría en la Cámara de Representantes. Además, se destinará una parte significativa a la financiación de anuncios televisivos y digitales que promuevan la agenda conservadora del presidente.
Los demócratas han denunciado la medida como un intento de “comprar” la democracia, argumentando que la magnitud del aporte supera los límites habituales de financiamiento de campañas y que podría distorsionar la competencia electoral. Por su parte, el propio Trump defendió la acción como una “inversión necesaria” para proteger los logros de su administración y evitar que la oposición avance en reformas que él considera perjudiciales.
Analistas políticos advierten que, si bien el aporte financiero puede fortalecer la posición republicana, también podría generar una reacción adversa entre los votantes indecisos, que podrían percibir la maniobra como un exceso de poder. El resultado final dependerá de la capacidad de los candidatos locales para capitalizar los recursos y de la respuesta de la oposición en los últimos meses de campaña.

