El 23 de octubre de 2026, miles de venezolanos se congregaron en la Plaza Bolívar de Caracas y en otras plazas de Maracaibo y Valencia, exigiendo la convocatoria de elecciones libres y transparentes. La marcha, organizada por la coalición opositaria y grupos de la sociedad civil, marcó la primera protesta nacional de gran magnitud desde la última gran movilización en 2024.
Los manifestantes portaron pancartas con lemas como "Venezuela merece elecciones" y "Maduro fuera", y corearon consignas contra la falta de un sucesor designado para el presidente Nicolás Maduro, quien sigue sin anunciar una fecha para su posible salida del poder. La ausencia de un proceso electoral ha generado un clima de incertidumbre política y ha alimentado la emigración masiva de venezolanos.
Las fuerzas de seguridad dispersaron a los manifestantes con gases lacrimógenos y detenciones esporádicas, pero no se reportaron heridos graves. Organizaciones internacionales, entre ellas la OEA y la Unión Europea, emitieron declaraciones de apoyo al derecho de los venezolanos a manifestarse pacíficamente y a la necesidad de un proceso electoral inclusivo.
El gobierno respondió con un comunicado en el que calificó la protesta como "instigada por intereses extranjeros" y prometió mantener el orden público, mientras que la oposición reiteró su disposición a dialogar solo bajo la condición de que se garantice una transición democrática.
Este episodio podría marcar un punto de inflexión en la crisis política venezolana, al reactivar la presión interna y externa para que el régimen abra un proceso electoral que, hasta la fecha, permanece indefinido.

