El pleno de la formación única del Partido Comunista se reunió el 29 de octubre de 2026 y aprobó la destitución de treinta y tres altos cargos, entre los que se incluye al vicepresidente de la Comisión Militar Central, Zhan Xiang. La medida, anunciada por el propio Xi Jinping, se enmarca dentro de una campaña anticorrupción que, según analistas, ha evolucionado hacia una estrategia de consolidación del poder personal del presidente.
Los funcionarios expulsados ocupaban puestos clave en la milicia, la seguridad del Estado y la administración regional, lo que sugiere que la purga no solo persigue sancionar actos de corrupción, sino también eliminar posibles rivales dentro del aparato del Partido. La decisión ha sido recibida con silencio oficial por parte de los medios estatales, mientras que expertos internacionales advierten sobre una mayor centralización del poder y una posible endurecimiento de la política exterior.
Desde que Xi Jinping tomó el control del Partido en 2012, ha impulsado varias rondas de depuración que han reducido significativamente la autonomía de los líderes locales y de la milicia. Sin embargo, la magnitud de la actual purga supera a cualquier otra desde su ascenso, lo que indica una fase de reconfiguración de la élite dirigente. Observadores señalan que la medida podría facilitar la implementación de reformas económicas y de seguridad sin resistencia interna.
En el plano internacional, la purga podría traducirse en una postura más firme de China en negociaciones comerciales y en la defensa de sus intereses geoestratégicos, particularmente en el Indo‑Pacífico. Al mismo tiempo, la incertidumbre sobre la estabilidad interna podría afectar la confianza de los inversores y los socios comerciales, que vigilan de cerca cualquier señal de volatilidad política dentro del país.


