Tras una serie de disturbios y saqueos que se extendieron por varias ciudades francesas a mediados de octubre, el Ejecutivo de Emmanuel Macron anunció un proyecto de ley que obligaría a los manifestantes a asumir los costos de los daños materiales. La medida, presentada por el ministro del Interior, pretende cubrir los gastos de reparación de infraestructura pública y privada que fueron destruidos durante los enfrentamientos.
El texto legislativo propone que, una vez identificados los responsables a través de imágenes de vigilancia y testimonios, se les imponga una multa que cubra los costos de reparación. En casos donde la identificación sea imposible, el Estado podría aplicar sanciones colectivas a los grupos organizadores. Los defensores de la iniciativa argumentan que la medida es necesaria para proteger los recursos del erario y evitar que los actos violentos se repitan.
Sin embargo, organizaciones de derechos humanos y partidos de oposición califican la propuesta como una violación de la libertad de expresión y el derecho a la protesta pacífica. Señalan que la medida podría crear un clima de intimidación y desalentar la participación ciudadana en manifestaciones legítimas, especialmente en contextos de desigualdad social.
El proyecto será debatido en la Asamblea Nacional en las próximas semanas, y su aprobación requerirá una mayoría absoluta. Mientras tanto, los movimientos sociales han anunciado nuevas protestas para exigir la retirada de la iniciativa y garantizar el respeto a los derechos civiles.


