Las refinerías pequeñas y autónomas de China, conocidas como 'teteras', han sido clave para mitigar la crisis petrolera causada por la guerra en Irán. Estas instalaciones procesan crudo de países como Irán, Venezuela y Rusia, garantizando el suministro de combustible para aviones en Asia y Europa. Sin embargo, la interrupción en el Estrecho de Ormuz ha reducido significativamente la capacidad de producción, lo que ha generado precios más altos en el mercado global. La estrategia de China refleja su enfoque en la seguridad energética, aunque no resuelve la raíz del conflicto.

