En una rueda de prensa celebrada en la Casa Blanca el 23 de septiembre de 2026, el presidente de Estados Unidos utilizó los términos “aniquilar” y “aplastar” para describir posibles acciones militares contra Irán, en medio de una serie de intercambios verbales cada vez más duros entre ambos gobiernos. La declaración se produjo justo después de que funcionarios estadounidenses y iraníes se reunieran en Viena para retomar conversaciones sobre el programa nuclear de Teherán, lo que subraya la coexistencia de presión y diplomacia en la política exterior de Washington.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán respondió de inmediato, advirtiendo que cualquier intento de “aplastar” al país sería considerado un acto de agresión que justificaría una respuesta militar proporcional. Tehran reiteró su disposición a continuar las negociaciones, pero dejó claro que no tolerará amenazas que pongan en riesgo su soberanía.
Estas declaraciones se enmarcan en un contexto de sanciones económicas renovadas contra Irán y de la reciente aprobación por parte del Congreso de un paquete de ayuda militar a Israel. Al mismo tiempo, la comunidad internacional sigue presionando para que se mantenga el diálogo, pues la interrupción total de las negociaciones podría desencadenar una escalada que afecte a toda la región.
Los analistas advierten que la retórica extrema podría complicar los esfuerzos de mediación de países como la Unión Europea y Qatar, que intentan evitar una confrontación directa. Sin embargo, la continuidad de los contactos diplomáticos sugiere que Washington busca mantener abiertas las vías de negociación mientras mantiene una postura de disuasión fuerte.
