Un reciente informe del Congressional Budget Office (CBO) documentó que al menos 81 aeronaves estadounidenses han sido destruidas o gravemente dañadas en el marco de la guerra que involucra a Irán. El valor total de los activos perdidos asciende a aproximadamente 3.300 millones de dólares, lo que representa una de las mayores pérdidas materiales en la historia reciente de la defensa estadounidense.
El conflicto, que se intensificó a principios de 2026 tras una serie de ataques a instalaciones estratégicas iraníes, ha provocado una escalada de hostilidades que ha puesto en riesgo la superioridad aérea de EE.UU. en la región. Las pérdidas incluyen aviones de combate F‑35, bombarderos B‑2 y helicópteros de ataque, lo que limita la capacidad de respuesta rápida y la proyección de fuerza.
El hallazgo del CBO ha alimentado las críticas de varios congresistas y analistas de defensa, que señalan una falta de planificación estratégica y una exposición excesiva de la flota a amenazas iraníes. La administración Trump ha defendido sus decisiones, argumentando que la presencia militar es esencial para contener la expansión de la influencia iraní.
En el plano internacional, los aliados de EE.UU. en la OTAN y en la región del Golfo observan con preocupación la vulnerabilidad de la fuerza aérea estadounidense, lo que podría afectar la coordinación de operaciones conjuntas y la estabilidad estratégica en Oriente Medio.


