El ejército yemení reportó el 3 de octubre que 474 ataques registrados en un período de 24 horas dejaron un total de 1.540 personas muertas o heridas en distintas provincias del país. La cifra representa uno de los episodios más violentos de la escalada interna yemení en los últimos meses y confirma la tendencia de intensificación que venía registrándose desde semanas anteriores.
La capital Sanaa, controlada por las milicias hutíes, fue bombardeada durante la madrugada del 2 al 3 de octubre. Las fuerzas gubernamentales, respaldadas por la coalición liderada por Arabia Saudita, ejecutaron operaciones aéreas sobre posiciones hutíes en la ciudad y en la provincia de Taiz, donde los combates terrestres también se intensificaron de manera notable.
La escalada genera temores de una guerra total en Yemen, un país que ya arrastra una de las peores crisis humanitarias del mundo. La ONU y organizaciones de ayuda advierten que el aumento de la violencia militar compromete la capacidad de distribución de asistencia humanitaria a millones de desplazados internos y a la población civil atrapada en zonas de combate.
El contexto regional agrega complejidad: los hutíes, alineados con Irán, han mantenido una campaña de misiles y drones contra Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, mientras que el gobierno de Adén, respaldado por la coalición, busca recuperar el control territorial. La escalada actual podría reabrir un frente que parecía estabilizado tras los acuerdos de alto al fuego de 2022.


