En los últimos meses, un número creciente de mujeres iraníes ha optado por no cumplir con la normativa estatal que obliga al uso del hijab en espacios públicos. Según DW English, los grupos conservadores del régimen están evaluando nuevas estrategias para forzar la conformidad, incluyendo patrullas de la moralidad más agresivas y sanciones económicas dirigidas a familias.
Las protestas, que a menudo se manifiestan mediante la retirada del velo en la calle o la publicación de videos en redes sociales, han ganado visibilidad internacional y han sido condenadas por organizaciones de derechos humanos. El gobierno, por su parte, ha intensificado la vigilancia mediante cámaras de reconocimiento facial y ha incrementado las detenciones de activistas.
Esta dinámica refleja una lucha más amplia entre una sociedad joven y conectada y un aparato estatal que busca preservar su visión conservadora del orden público. La presión interna podría obligar al liderazgo a reconsiderar su postura o, por el contrario, a endurecer aún más la represión, con riesgos de mayor desestabilización social.
El escenario plantea preguntas sobre la capacidad del régimen para mantener su autoridad sin generar una escalada de descontento que pueda traducirse en protestas masivas o en una mayor presión internacional sobre los derechos de las mujeres en Irán.

