Ante la intensificación de la presión económica ejercida por los Estados Unidos, Irán presentó un conjunto de medidas destinadas a reforzar su resiliencia financiera. El nuevo esquema contempla la creación de una red de intercambio comercial con países no alineados con Washington, la ampliación de acuerdos de trueque de petróleo por bienes esenciales y la adopción de un tipo de cambio más flexible para estabilizar la moneda nacional.
El Ministerio de Economía iraní anunció que se establecerán líneas de crédito bilaterales con naciones como Rusia, China y algunos estados del Cáucaso, con el objetivo de sortear los bloqueos bancarios internacionales. Además, se prevé la emisión de bonos soberanos en monedas distintas al dólar, lo que permitiría a Teherán financiar proyectos de infraestructura sin recurrir al sistema financiero occidental.
Expertos en geopolítica advierten que estas maniobras podrían desencadenar una mayor fragmentación del sistema financiero global, impulsando la creación de bloques económicos alternativos. Por otro lado, la comunidad empresarial internacional observa con cautela la posibilidad de que Irán utilice estas medidas para fortalecer su posición en el mercado del gas natural, incrementando su influencia en Europa y Asia Central.
En el plano interno, el gobierno iraní espera que la política económica reduzca la inflación y mejore el poder adquisitivo de la población, que ha sufrido una fuerte devaluación del rial en los últimos meses. Sin embargo, la efectividad de estas acciones dependerá de la capacidad de Irán para sortear las sanciones tecnológicas que limitan el acceso a equipos críticos para la industria.