El 23 de octubre de 2026, fuerzas del ejército israelí se vieron involucradas en un tiroteo en la Cisjordania ocupada que terminó con la muerte de dos palestinos. Ante el episodio, el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó al alto mando militar que prepare un cierre total de la zona, incluyendo restricciones de movimiento, toques de queda y el cierre de puestos de control.
La decisión se produce en un contexto de creciente violencia entre colonos y residentes palestinos, y sigue a una serie de incidentes que han tensionado las relaciones en la región. Las autoridades israelíes argumentan que la medida es necesaria para garantizar la seguridad de sus ciudadanos, mientras que los líderes palestinos la califican de castigo colectivo.
Organizaciones internacionales y varios gobiernos han expresado su preocupación, advirtiendo que un cierre total podría agravar la crisis humanitaria y dificultar los esfuerzos de mediación. En respuesta, se han activado canales diplomáticos para intentar moderar la medida y buscar alternativas menos restrictivas.
Mientras tanto, la población civil de la Cisjordania enfrenta la perspectiva de un confinamiento que limitaría el acceso a servicios básicos, trabajo y educación, lo que podría desencadenar nuevas protestas y enfrentamientos en la zona.


