En las elecciones de medio término celebradas el 7 de noviembre de 2026, los ciudadanos de varios estados votaron en contra de 40 de las 41 iniciativas que buscaban autorizar la construcción de centros de datos. Solo una medida, ubicada en Texas, obtuvo la aprobación mayoritaria. Los opositores argumentaron que los centros de datos consumen grandes cantidades de energía y pueden afectar la resiliencia de la red eléctrica, además de generar preocupaciones sobre la privacidad de los datos.
Los grupos ambientalistas y algunas organizaciones locales organizaron campañas informativas que resaltaron el alto consumo energético y la escasa generación de empleo directo. Por su parte, las empresas tecnológicas que impulsan los proyectos señalaron la necesidad de infraestructura para soportar la creciente demanda de servicios en la nube y la inteligencia artificial.
El rechazo masivo envía una señal clara a los legisladores y a la industria: la expansión de la infraestructura digital no puede avanzar sin considerar los costos ambientales y sociales. Se espera que los promotores busquen alternativas más sostenibles, como el uso de energía renovable y la ubicación de los centros en regiones con menor demanda eléctrica.
Este episodio se inserta en un contexto más amplio de debate sobre la soberanía tecnológica de EE.UU., la regulación de datos y la presión de los votantes para que las políticas públicas prioricen la sostenibilidad. La decisión podría influir en la agenda legislativa de los próximos años, especialmente en comités de energía y tecnología.
