El 20 de octubre, miles de estudiantes, activistas y residentes de diversas ciudades indonesias se congregaron frente a edificios gubernamentales y fábricas de aceite de palma para protestar contra los incendios forestales provocados por la tala de tierras para la expansión de plantaciones.
Los manifestantes denuncian que la práctica de quemar bosques para despejar áreas de cultivo libera enormes cantidades de humo, afectando la calidad del aire en ciudades como Yakarta y Sumatra, y provocando problemas respiratorios en la población. Además, señalan que la deforestación acelera la pérdida de biodiversidad y contribuye al calentamiento global.
El gobierno de Indonesia, liderado por el presidente Joko Widodo, ha prometido reforzar la vigilancia y aplicar sanciones más severas a las empresas que incumplan las normas ambientales. Sin embargo, los activistas argumentan que la implementación ha sido insuficiente y que persisten intereses económicos poderosos detrás de la industria del aceite de palma.
Organizaciones internacionales, como Greenpeace y la ONU, han llamado la atención sobre la necesidad de una transición hacia prácticas agrícolas sostenibles y la adopción de certificaciones que garanticen la ausencia de deforestación en la cadena de suministro del aceite de palma.

