En el mismo discurso que pronunció ante la Asamblea General el 24 de septiembre de 2026, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, intentó restar importancia a la escalada de violencia en la Cisjordania ocupada, argumentando que los incidentes son obra de "delincuentes juveniles".
La declaración surgió tras una serie de ataques con piedras y cócteles molotov perpetrados por jóvenes palestinos en asentamientos israelíes, los cuales, según Netanyahu, son una respuesta a la represión militar. El mandatario sostuvo que los colonos no son responsables de la violencia y que la culpa recae exclusivamente en los menores que actúan de forma “juvenil”.
Organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, rechazaron la narrativa del primer ministro, señalando que los asentamientos israelíes y la política de expansión territorial son factores estructurales que alimentan la hostilidad. Además, varios gobiernos europeos presentaron notas diplomáticas exigiendo una investigación independiente sobre los abusos cometidos por colonos.
El discurso de Netanyahu, que buscaba desviar la atención de la crítica internacional sobre la política de asentamientos, ha sido interpretado como un intento de reforzar la narrativa interna de seguridad, mientras que en el plano internacional ha generado una nueva oleada de condenas y llamado a la rendición de cuentas.