El 29 de septiembre de 2026, autoridades saudíes anunciaron que los buques tanqueadores habían comenzado a cargar petróleo nuevamente desde el oleoducto Este‑Oeste, una arteria estratégica que conecta los campos petroleros del Golfo con los puertos del Mar Rojo. El oleoducto había sido puesto fuera de servicio a principios del mes tras sufrir daños en un ataque con drones atribuido a grupos opositores al régimen.
El ataque, que dejó inoperativo aproximadamente el 30 % de la capacidad del ducto, provocó una caída momentánea en la oferta saudí y elevó los precios internacionales del crudo. La rápida reparación, liderada por la empresa estatal Saudi Aramco, permitió restablecer el flujo completo en menos de una semana, demostrando la resiliencia de la infraestructura energética del reino.
Este reinicio tiene implicaciones significativas para los mercados energéticos, ya que el oleoducto transporta alrededor de 1,8 millones de barriles por día, reduciendo la dependencia de los buques cisterna que atraviesan el estrecho de Ormuz, una zona vulnerable a interrupciones.
A nivel geopolítico, la capacidad de Arabia Saudí para reparar y reactivar rápidamente la infraestructura subraya su dominio en la cadena de suministro de petróleo y su habilidad para contrarrestar amenazas a su producción, enviando un mensaje de fortaleza a adversarios regionales como Irán.


