Durante la Asamblea General de la ONU, celebrada en Nueva York el 24 de septiembre de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, emitió una advertencia sobre la posible "balcanización" de Irak, refiriéndose a la amenaza de una fragmentación del país en regiones sectarias y étnicas. La declaración se produjo tras una reunión informal entre el presidente Donald Trump y el primer ministro iraquí, Mohammed Shia' Al Sudani, en los márgenes del evento.
Rubio, senador republicano y figura influyente en la política exterior estadounidense, respaldó la preocupación de Blinken, señalando que la falta de un consenso político interno y la persistente influencia de milicias respaldadas por Irán podrían desencadenar una ruptura similar a la de los Balcanes en los años noventa. La advertencia se inserta en un contexto de creciente violencia entre milicias chiítas y sunitas, así como de disputas sobre la distribución de recursos petroleros.
Expertos en Oriente Medio advierten que una fragmentación de Irak tendría consecuencias graves para la estabilidad regional, incluyendo el riesgo de que grupos extremistas aprovechen los vacíos de poder y que los flujos de refugiados aumenten, afectando a países vecinos como Siria, Jordania y Turquía. Washington podría verse obligada a reforzar su presencia militar y diplomática para evitar una escalada.
La comunidad internacional, incluida la Unión Europea y la ONU, ha llamado a la reconciliación política en Irak y a la implementación de reformas que garanticen la representación equitativa de todas las comunidades. Sin embargo, la falta de voluntad de los actores internos y la interferencia externa complican la búsqueda de una solución duradera.
