En la mañana del 24 de octubre, decenas de miles de personas se congregaron en la Plaza Rabín en Tel Aviv para exigir la renuncia del primer ministro Benjamin Netanyahu y la apertura de una investigación independiente sobre los hechos del 7 de octubre. La marcha, organizada por partidos de oposición y organizaciones de derechos humanos, contó con la participación de veteranos de guerra, familias de víctimas y jóvenes activistas que portaban pancartas con lemas como "Justicia para el 7 de octubre" y "Basta de impunidad".
Los manifestantes bloquearon varias avenidas principales y mantuvieron una concentración pacífica durante varias horas, mientras la policía supervisaba la seguridad sin intervenir de forma violenta. En sus discursos, líderes opositores acusaron al gobierno de Netanyahu de manipular la narrativa del conflicto para mantenerse en el poder y de obstaculizar cualquier proceso judicial que pudiera responsabilizar a altos mandos militares.
El contexto electoral añade una presión adicional: las elecciones legislativas están previstas para el 1 de noviembre y los resultados determinarán si Netanyahu podrá formar una coalición que le permita seguir al mando. La movilización masiva sugiere que una parte significativa del electorado está dispuesta a expresar su rechazo a la gestión del conflicto y a la falta de rendición de cuentas.
Analistas internacionales advierten que la combinación de una campaña electoral polarizada y la creciente tensión social podría traducirse en una mayor inestabilidad política en Israel, con posibles repercusiones en la política de seguridad regional y en las relaciones con los Estados vecinos.


